Archivo mensual: octubre 2011

a120

Hace veintiún años mis padres tuvieron a su primogénito. Tan güerito, tan llenito y tan bonito. Tanta felicidad encerrada en esos ojitos grices.

Pasó el tiempo, cuando mamá se dio cuenta que a su único hijo le hacía falta un hermano. Un hermano para que leyeran juntos, para que jugaran fútbol, se pintaran los ojos y jugaran a las guerras, durmieran juntos y pudiesen apoyarse uno al otro. Y así, cuando el día que no estuviesen mis padres, su  primogénito no tuviese que estar solo en el funeral. Tanta esperanza encerrada en esos ojitos azules.

Sin embargo, dos años después, lo que tuvo fue una hermana. Por supuesto que hubo diferencias, como que tuve que aprender a leer sola porque él no quería leerme los cuentos una y otra vez, y yo no quería jugar fútbol con él, tampoco pintarme los ojos para jugar a las guerras ni dormir juntos. Pero aunque había más gritos que apoyo, mi hermano mayor y yo nos llevamos bien. Aceptación reflejada en esos ojitos verdes.

Pero nos faltaba uno. Tardaron mis padres trece años en darse cuenta. Así que, cuando llego el tercero todo era alegría, pues mi hermano mayor por fin tenía un hermano con quién hacer todo lo que mamá soñó. Juegan a las guerras, con la pelota, corren juntos, duermen juntos… Y peleamos, pero juntos.

Y ahora es seguro que aunque algún día ya no estén mis padres, su primogénito definitivamente no estará solo en el funeral. Tanta felicidad reflejada en esos ojitos verdes, miel y cafés.


La última vez.

Tú y yo construimos una historia. Inicio, nudo, descenlase. Entiendo muy bien que eso sólo existió en “hace algún tiempo”. Pero cada vez que llamas, maldita sea, siempre contesto.  La anterior vez me dije que era la última, pero aquí voy, fíjate, directo hacia ti.

¿Por qué contesto tus mensajes? No necesito saber de ti, no quiero saber si eres feliz o si piensas en mí. No quiero tener nada que ver contigo, pero termino llendo hacia cualquier cosa que me condusca a ti. La anterior vez juré no volverlo a hacer.  Pero me gusta romper promesas, mírame, voy directo hacia ti.

Estoy convencida que lo nuestro es pura ficción, piénsalo, porque ni nosotros mismo sabemos creerlo. Podemos vivirlo y sentirlo, fíjate, pero no sabemos asumirlo. Porque entre tú y yo tenemos todo por perder. Porque entre tú y yo nunca va a haber un resultado. Estaremos siempre quebrados, nunca enteros.  Y cuando nos separamos -aunque sea un momento- nos ignoramos y terminamos siendo personajes secundarios en una novela de horror. Porque entre tú y yo no sabemos aprender de nuestros errores.

La última vez, escúchalo, me obligué a que fuera de verdad la última vez. Porque tú y yo es pedir demasiado.


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.