Y ¿Cómo está tu hermano?

Nos habíamos tomado el día libre par ir a caminar. Lo cierto era que a mi me encantaba estar a su lado y sabía que a él también le gustaba porque yo no hablaba a menos que me preguntara algo en concreto. Nos gustaba nuestro silencio mutuo.

Y después de caminar horas sin rumbo fijo, me tomó por el puño de la sudadera. En silencio me pidió que nos detuvieramos. Nos sentamos en una banca de un parque escondido y finjimos ver con interés a los pajaritos comer.

-Y ¿Cómo está tu hermano? -dijo. Tuvo que preguntarme a fuerza de hacerme hablar pues el silencio ya empezaba a molestarle.Sin embargo había tardado mucho en encontrar más de tres palabras coherentes para entablar conversación.

-Pues me parece que bien. Últimamente habla mucho. -dije, después de pensarmelo un rato.- Hacía mucho que no hablábamos tanto -añadí al ver que no decía nada- Claro que eso ya lo sabes. Además que ha tenido varias consideraciones respecto a mi horario de sueño. Antes nunca coincidimos, cuando él dormía, yo estaba muy despierta leyendo, y cuando yo por fin podía dormir él se despertaba y se estaba muy ocupado en sus asuntos.

-¿Qué te dice?

-La mayoría son cosas sin mucha importancia. Que ha estado jugando fútbol con sus amigos, que si fulano no le ha hecho caso y ha dado un mal pase, que si le gustan los tamales de verde, que ha estado intentando bajarle el volumen a la tele y no encuentra el control, que se ha dormido con los pantalones de mezclilla puestos y le han dejado una marca en las piernas, que tiene miedo de ahogarse en la alberca. Es incoherente.

Hice una pausa, él parecía reflexionar, y preguntó:

-¿Ya no le cierran la puerta con llave?

-Pues no. -contesté, y pensé unos momentos- La verdad es que hace años que no hacen eso. Mi abuela nos había contado que ella encerraba a mis tíos por la noche, cuando eran niños, porque una vez se habían salido a la calle y habían corrido tras ellos. Nos asustó un poco, la verdad. Recuerdas que incluso bendijeron la casa.

-Si, pero eso fue antes de que se mudaran. De nuevo. – dijo.

-Pues si. Claro, ahora que lo pienso, ya ha empezado a hacer lo mismo, sólo que ahora no podemos echarle llave a su puerta porque, el muy bruto, la ha roto de una patada y aun no se la reemplazan. Supongo que por eso, de vez en cuando, lo veo de pie en la puerta de mi habitación. Entonces es cuando me platica todo eso que te he mencionado.

Giré la cabeza para poder mirarlo de reojo, pero en seguida lo miré directamente a los ojos pues estaba haciendo muecas y él sólo hacía muecas cuando yo decía algo que no le gustaba.

-Entonces si se levanta en la noche. -dijo- Porque tu sigues sin poderte dormir antes de las tres de la madrugada y tener ochenta páginas leídas. ¿No has intentado despertarlo en vez de contestarle?

-No, claro que no. Ya sabes, que dicen, que es malo despertar a los sonámbulos.

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