Es fácil saber lo que estás leyendo.

Caminar leyendo mientras empujo el carrito del supermercado es todo un ritual. Con las manos sosteniendo las tapas del libro, los codos firmemente apoyados en el manubrio y los ojos mirando entre las hojas y el piso. Cuarenta pasos por minuto. Miro al frente y confirmo que no me haya llevado un cristiano, un judío, un presbiteriano, o un ciego y su perro. Y me imagino que aún si fuera así, me daría igual.

Hoy estoy molesta. No sé, no me preguntes. Pero caminar leyendo mientras empujo el carrito del supermercado es mi ritual. Mi Manual para Dejar de Mirar con Odio a Todo Aquel que se Tropiece Conmigo. Edición de bolsillo. Y parece que la gente lo capta al vuelo, nadie intenta cruzarse conmigo.

Y no me inmuto, vamos. Yo sólo sigo caminando y empujando el carrito del supermercado; sorteando los carritos (mal)estacionados e ignorando los alaridos de los niños llorando. Y así, mi libro de turno y yo seguimos avanzando.

Hasta que puedo dejarlo a un lado. ¿Qué quería? Polvorones de naranja. Al carrito. Una taza de vaca. Al carrito. Bolillos y croissants de chocolate. Al carrito. Sopa Juliana. Al carrito. Hasta que puedo dejarlo todo de lado.

-Es fácil saber lo que estás leyendo.- dice mi mamá. Lo dudo, pienso, pero inténtalo.

-Cuando te la pasas sonriendo todo el día, estás con los libros Miyagi. No te molestes en aclararme los nombres. Son tan rositas que no vale la pena. Cuando preguntas mucho por la monarquía, estás otra vez con lo de Maria Antonieta. Cuando te quejas de la diferencia entre cursi y romántico, estás con Anne Rice. Cuando te aferras a ver películas de Harry Potter y te muerdes los labios, estás terriblemente ociosa. Y cuando un vestido te parece lo suficiente bonito, entonces estás salteando páginas entre Charles Dickens y las Hermanas Brönte. Ah, y cuando no se escucha de otra cosa más que de lo guapo que es Mr. Darcy, entonces tengo que esconderte a Jane Austen.

»Con esto no quiero decir que tengas muy pocos libros, por como los catalogo. Al contrario. Esos son los que generan más expectación. Los libros importantes son para ocasiones especiales. Y justo ahora eres todo un dolor de cabeza. Haznos un favor y deja de leer esa basura de Sabato, ¿vale?- Y se nota lo cabreada que está mi mamá.

-… Pero se llama Murakami y Yoshimoto. Miyagi es otro cuento.

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